11 agosto 2007

Los refutadores del Holocausto III

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Lo más parecido a una explicación de porqué se pretende refutar el Holocausto fueron las declaraciones de un líder del Ku Klux Klan: volver a convertir el racismo en una alternativa política viable. Ellos piensan que si “demuestran” que el crimen que se convirtió en el paradigma del racismo no existió podrá retornar el modelo social que existió en el sur profundo de los EE.UU más o menos hasta los años sesenta del siglo pasado; debido a que no se atreven a emprender acciones directas contra los descendientes de africanos o musulmanes se la toman con los judíos, para lo que pueden contar con el beneplácito del público heredero de veinte siglos de judeofobia más o menos institucionalizada.
El negacionismo es relativamente nuevo, no más de dos décadas, ya que se debió esperar a la muerte natural de la mayoría de los participantes, testigos y sobrevivientes del Holocausto. La judeofobia de los sesenta, por ejemplo, se basara en que se lo haría de nuevo; así mientras se juzgaba a Eichman el Jerusalen Times (un diario jordano en inglés) publicó una carta en la que se lo felicitaba “por haber concedido una auténtica bendición a la humanidad” y prometía “liquidar a los seis millones restantes para vengar tu sangre” (Paul Johnson, Historia de los Judíos, Ed, Vergara, pag, 578).
Aquellos familiarizados con el material de Don Pio (o SH, como se hacía llamar antes) ya conocen los “argumentos” de los negacionistas, que van desde el residuo azul del Zyklon B en las cámaras de gas al de discrepancias en las cifras de autores serios. Si aplicaran los mismos métodos a Hiroshima, por ejemplo, podrían decir que el bombardeo no existió debido a la demostración matemática del profesor Simon Newcombe de que el vuelo de aparatos más pesados que el aire es imposible. O que quienes fallecieron las semanas siguientes por la radiación lo hubieran hecho igual por la dieta hipocalórica durante la guerra. O dispuesto a ensalzar a cualquier japonés que “baje” la cifra de muertos. También conocen cómo distinguir a alguien con un sincero interés en la historia, dispuesto a contrastar materiales, a escuchar y admitir que los puntos de vista propios no son los únicos de alguien que encuentra desahogo a sus problemas personales culpando a los demás.
Hay que recordar, una vez más, que el nazismo, una vez más, es el producto extremo de la línea de pensamiento que postula la desigualdad de los seres humanos: si el otro no es igual a mi sus derechos no son iguales a los míos. Incluyendo el derecho a la vida.Y que luego de los judíos le hubiera tocado el turno a los eslavos, los africanos, los latinos y cualquiera que no aceptara el nuevo orden. Si alguien tiene interés en ver un pantallazo de ese mundo le recomiendo una novela bastante conocida de los años cincuenta llamada “El cuerno de caza” (The Sound of his Horn, el título original en inglés) de Sarban.

04 agosto 2007

Los refutadores del Holocausto II

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Que las cámaras de gas no existieron por la falta del "residuo azul" del Zyklon B en las instalaciones de exterminio es una de tantas "pruebas" esgrimidas por los negacionistas del Holocausto y como todas llama la atención no solo por su falsedad (investigaciones forenses realizadas en la década del 90 sí que encontraron restos de cianuro) sino por su estupidez...
En Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Zyklon_B) puede encontrarse información sobre este compuesto, cuyo ingrediente activo era el cianuro. En realidad el colorante azul era una especie de indicador, ya que el cianuro de sodio o potasio es un polvo blanco que ante una mínima hidrólisis produce el ácido cianhídrico gaseoso, que al combinarse con el complejo citocromo-citocromo oxidasa responsable de la respiración tisular provoca la muerte por asfixia. Si bien el gaseamiento fue una herramienta más dentro del arsenal genocida nazi no fue la única y aunque la mayoría de los gaseados fueron judíos todas las fuentes concuerdan en que también fueron gaseados gitanos y prisioneros de guerra rusos. Por otro lado un enorme número de judíos pereció asesinado a balazos por unidades como los Einsatzgruppen y los batallones de la Policía del Orden (una unidad paramilitar germana) en aldeas y pueblos o de hambre y frio en los mismos campos. Negar o minimizar el holocausto es uno de los principales empeños hoy día de los judeófobos con el fin explícito de convertir el ideario del antiguo partido nacionalsocialista alemán de los trabajadores (NSDAP, nazi) en una opción política viable. Por ello encontrará estudios de “revisionistas históricos” que contra toda lógica basados en un detalle real o a menudo inventado afirman que el hecho entero no sucedió. Viene a ser lo mismo que decir que como no se sabe a ciencia cierta dónde nació o está sepultado Colón América no existe. Esto puede parecer ridículo, pero recuerde que la judeofobia es una entidad psiquiátrica y quienes la padecen carecen de la facultad de la autocrítica en esa materia. El Holocausto, lejos de ser un tema tabú, puede y debe ser estudiado a fondo; se trató del asesinato a mayor escala y mejor documentado de la historia y tenemos que saberlo todo de él no sólo porque cada una de las víctimas fue una persona que vio cortado sus sueños y proyectos y sufrió además de la agonía del cautiverio y la muerte inexorable la de saber a todos sus parientes en las mismas situaciones sino porque si unos seres humanos fueron capaces de hacerle eso a otros pueden volver a serlo.

02 agosto 2007

Los refutadores del Holocausto I

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Hay quienes creen que los alunizajes fueron montajes, que las pirámides fueron construídas por extraterrestres, que los partidos de liga están todos arreglados desde el comienzo del campeonato y supongo habrá quien creerá que nuestro mundo es una ficción al estilo “Matrix”. La diferencia entre todas estas creencias inofensivas y la negación del Holocausto es que quienes la defienden siempre, pero siempre, dicen que de haber existido los judíos se lo hubieran merecido y siempre, pero siempre, dicen que Israel se lo merece. El mayor problema de los negacionistas o revisionistas históricos (como los nazis prefieren llamarse) no es lidiar con los testimonios de millones de personas, los registros del estado nazi, las confesiones, los campos y las actas de Nuremberg y ni siquiera el hecho de que al negar uno de los episodios mejor documentados de la historia humana la totalidad de esa historia es automáticamente puesta en tela de juicio (¿Existió Alejandro Magno? ¿El imperio romano? ¿El azteca?) sino que el mayor orgullo de aquellos chiflados que esos seis millones de personas hayan sido asesinados.