Para los que no saben, les comento que hace unos días mantenemos junto a Claudio, Cristina y otras personas una "discusión" con un grupo de judeófobos (principalmente chilenos y de otros países suramericanos) que encontramos a través de un correo masivo de internet. En varias ocasiones les he expresado a mis amigos mis dudas sobre la conveniencia de discutir con gente que miente, insulta y fundamentalmente no está en su sano juicio en vez de hacer algo de hasbará con alcance masivo y ellos me han contestado sobre la importancia de marcar presencia y justamente este debate y que casi todos "los del otro lado" sean extranjeros me hizo ver que acá somos afortunados por tener una ley como la 23.952 (Antidiscriminación) ya que muchos de sus mailes caían dentro del artículo 3ro, que transcribo textual:
"Serán reprimidos con prisión de un mes a tres años los que participaren en una organización o realizaren propaganda basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma. En igual pena incurrirán quienes por cualquier medio alentaren o incitaren a la persecución o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas"
Tenemos una buena ley y se me ocurrió que podemos tener una mejor si la negación y/o refutación de la existencia de la Shoá constituyera delito, tal cual es en Austria y Alemania. Y creo que podemos hacerlo porque casi todos debemos tener alguien de confianza que es político o es amigo de uno; sería una cosa fantástica que el revisionismo histórico sobre la Shoá se considerara legal y jurídicamente la forma de judeofobia que es en realidad. Me gustaría que piensen la idea, me hagan llegar sus comentarios, lo que sea; por mi parte me entusiasma la idea que de algo tan desagradable como dialogar con estos locos salga algo bueno.
08 diciembre 2006
02 diciembre 2006
¿Qué es la judeofobia?
Mail publicado en una lista de discusión.
Lo que antes se denominaba genéricamente “antisemitismo” hoy se conoce apropiadamente como “judeofobia”. El término “semita” en realidad pertenece a los lingüistas y según Greenberg denomina a una subfamilia de las lenguas afroasiáticas cuyos miembros más conocidos son el hebreo, el árabe y el arameo. Esto daba lugar a que muchas personas que odiaban a los judíos dijesen no ser antisemitas por no tener nada contra los árabes o ser ellos mismos de tal origen. El término “judío” es, por consiguiente, una definición mucho más concreta del destino de su odio y el término “fobia” se refiere al origen irracional del mismo. Aunque los judíos han mantenido una presencia constante en lo que hoy es Israel durante los últimos tres milenios (como aún autores hostiles no dejan de reseñar) el hecho es que durante los últimos dos milenios constituyeron pequeños grupos dispersos e indefensos por el mundo y a menudo objeto de atroces persecuciones justamente por su pequeñez, dispersión e indefensión. Había en ello motivos de fanatismo religioso cristiano y musulmán (cuyos elementos extremistas solían ver al judaísmo como una religión obsoleta y empecinada en el error) y también de cálculo político, ya que los gobernantes en épocas de crisis (casi siempre provocadas por su mala gestión) hacían lo posible por desviar la furia del pueblo hacia quien no podía devolver los golpes. Por supuesto la historia del cristianismo y el islam está llena de guerras religiosas cuyas consecuencias se extienden hasta el día de hoy, desde Irlanda del Norte al baño de sangre entre shiítas y sunníes, pero la constante aquí es la palabra “guerra”; podía ocurrir una masacre, pero tarde o temprano el bando atacado reaccionaba; no pretendo aburrir a nadie con la historia de las cruzadas, la guerra de los treinta años o la de los maharattas en la India, pero sí recordar que los judíos, al no tener quién los defendiera, siempre fueron las víctimas perfectas para quien anduviera buscando alguna. A fines del siglo XIX hubo un caso grave de espionaje en el estado mayor del ejército francés y aunque no había ninguna prueba contra él se procedió a culpar al Coronel Dreyfus, el único miembro judío del mismo. Uno de los testigos de su degradación pública previo a su envio a la prisión fue Teodoro Herzl; a los pocos meses había terminado un libro llamado “El estado judío” donde desarrollaba la sencilla tesis de que a menos que los judíos poseyeran un estado donde constituyeran la mayoría de la población seguirían siendo víctimas eternas. El sionismo, entonces, es el movimiento que intentó darle a los judíos lo que nadie discute para los bolivianos, peruanos, irlandeses, armenios, tailandeses, camboyanos, persas... o sea el derecho a tener su propio país. Llama la atención que cien años después del caso Dreyfus Israel sea el único país cuyo derecho a la existencia sea puesto en duda. Llama la atención que conflictos que causan muchas más víctimas (Darfur, Irak, Cachemira...) reciban mucha menos atención. Y que se culpe a los judíos por el Holocausto y atentados varios (Embajada, AMIA, Torres Gemelas) cuando en todos los casos los autores de los mismos siempre han hecho todo lo posible porque el mundo lo sepa o que el presidente Ahmadinejad proclame diariamente lo cercano que está el fin de Israel. Si para alguien semejante locura es perfectamente normal... entonces ese alguien es un judeófobo.
Dr. Federico Contreras
Lo que antes se denominaba genéricamente “antisemitismo” hoy se conoce apropiadamente como “judeofobia”. El término “semita” en realidad pertenece a los lingüistas y según Greenberg denomina a una subfamilia de las lenguas afroasiáticas cuyos miembros más conocidos son el hebreo, el árabe y el arameo. Esto daba lugar a que muchas personas que odiaban a los judíos dijesen no ser antisemitas por no tener nada contra los árabes o ser ellos mismos de tal origen. El término “judío” es, por consiguiente, una definición mucho más concreta del destino de su odio y el término “fobia” se refiere al origen irracional del mismo. Aunque los judíos han mantenido una presencia constante en lo que hoy es Israel durante los últimos tres milenios (como aún autores hostiles no dejan de reseñar) el hecho es que durante los últimos dos milenios constituyeron pequeños grupos dispersos e indefensos por el mundo y a menudo objeto de atroces persecuciones justamente por su pequeñez, dispersión e indefensión. Había en ello motivos de fanatismo religioso cristiano y musulmán (cuyos elementos extremistas solían ver al judaísmo como una religión obsoleta y empecinada en el error) y también de cálculo político, ya que los gobernantes en épocas de crisis (casi siempre provocadas por su mala gestión) hacían lo posible por desviar la furia del pueblo hacia quien no podía devolver los golpes. Por supuesto la historia del cristianismo y el islam está llena de guerras religiosas cuyas consecuencias se extienden hasta el día de hoy, desde Irlanda del Norte al baño de sangre entre shiítas y sunníes, pero la constante aquí es la palabra “guerra”; podía ocurrir una masacre, pero tarde o temprano el bando atacado reaccionaba; no pretendo aburrir a nadie con la historia de las cruzadas, la guerra de los treinta años o la de los maharattas en la India, pero sí recordar que los judíos, al no tener quién los defendiera, siempre fueron las víctimas perfectas para quien anduviera buscando alguna. A fines del siglo XIX hubo un caso grave de espionaje en el estado mayor del ejército francés y aunque no había ninguna prueba contra él se procedió a culpar al Coronel Dreyfus, el único miembro judío del mismo. Uno de los testigos de su degradación pública previo a su envio a la prisión fue Teodoro Herzl; a los pocos meses había terminado un libro llamado “El estado judío” donde desarrollaba la sencilla tesis de que a menos que los judíos poseyeran un estado donde constituyeran la mayoría de la población seguirían siendo víctimas eternas. El sionismo, entonces, es el movimiento que intentó darle a los judíos lo que nadie discute para los bolivianos, peruanos, irlandeses, armenios, tailandeses, camboyanos, persas... o sea el derecho a tener su propio país. Llama la atención que cien años después del caso Dreyfus Israel sea el único país cuyo derecho a la existencia sea puesto en duda. Llama la atención que conflictos que causan muchas más víctimas (Darfur, Irak, Cachemira...) reciban mucha menos atención. Y que se culpe a los judíos por el Holocausto y atentados varios (Embajada, AMIA, Torres Gemelas) cuando en todos los casos los autores de los mismos siempre han hecho todo lo posible porque el mundo lo sepa o que el presidente Ahmadinejad proclame diariamente lo cercano que está el fin de Israel. Si para alguien semejante locura es perfectamente normal... entonces ese alguien es un judeófobo.
Dr. Federico Contreras
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